CONVERSACIONES CON LA LUNA
-Es tarde, Germán…incluso para ti.
Apareció por detrás de “su sauce”, como ella solía llamarlo. Estaba radiante. Su reflejo en el lago hacía que las hojas otoñales que habían encontrado su ocaso parecieran hermosas guirnaldas. Sonreía de una forma cálida y familiar, pero tenía el rictus melancólico de quien no ha conocido más amistad que la de la soledad.
-Lo sé, lo siento. Pensaba que hoy lo conseguiría…Yo…sólo creí que… - Hundió el rostro entre sus manos al mismo tiempo que se derrumbaba sobre el suave césped y rompía a llorar.
-Shhhh, no llores. Lo estás haciendo muy bien. Todo esto pasará. Las noches en vela, el dolor…- Le acariciaba el pelo con sus dedos, intentando transmitirle el sosiego que tanto tiempo llevaba buscando. Su dulzura consiguió que el llanto se convirtiera poco a poco en leves suspiros, hasta casi desaparecer.
Él no respondió. No podía articular ni una sola palabra sin llorar de nuevo. La había querido tanto…Su amor había sido tan grande y tan puro que el solo pensamiento de su ausencia le resultaba insoportable y le desgarraba el corazón una y otra vez.
-Germán, volverás a sentir – Ella miraba al infinito, y la profundidad de su mirada reflejaba un alma joven y al mismo tiempo increíblemente envejecida– Volverás a aferrarte a la vida.
Sí. Ya se lo había dicho otras noches. Pero siempre era la misma pregunta la que le atormentaba. Una pregunta que necesitaba formular desesperadamente a pesar de conocer la respuesta.
-¿Volveré a sufrir?
Apenas fue un susurro, pero ella conocía sus inquietudes y supo entenderle. Asintió lentamente, con tristeza. Él no pudo reprimir el llanto mientras le mecía en sus brazos.
-Y también amarás con todo tu corazón. Cuanto más profundo sea el amor, más intenso será el dolor. Son las dos caras de una misma moneda. Sin conocer una…no puedes conocer la otra. Es lo que hace que merezca la pena.
Sabía que tenía razón. No podía hundirse. Tenía que salir adelante y recuperar su alegría. Pero antes tenía que convencerse de todo lo que le había enseñado.
-¿Cuántas veces tendrás que repetírmelo?
Su voz sonaba mucho más serena. Ella le miró atentamente y ladeó la cabeza, como si estuviera pensando la respuesta adecuada.
-Te lo recordaré siempre que lo necesites y vengas a buscarme – contestó al fin.
-¿Y después? ¿Qué pasará después? – El cansancio le obligó a bostezar.
Le aterraba la respuesta. Ella pudo leerlo en sus ojos, y le acarició con ternura.
-Después ya no me necesitarás más…– sonrió, y siguió peinando su cabello.
-Te echaré de menos…- Consiguió decir antes de caer en un profundo sueño en el mismo momento en que el viento arrastraba el sonido de una canción de cuna.
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Reservados todos los derechos de autor
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bellisimo, me encanto :)
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